Tiempo
Regreso al futuro

Texto Curatorial
A veces, para saber hacia dónde vamos, necesitamos volver la mirada hacia el lugar del que partimos. No porque queramos recuperar lo que quedó atrás, sino porque hay cosas que solo entendemos cuando el tiempo ya nos ha permitido ver sus consecuencias. El pasado no cambia, pero cambia nuestra manera de leerlo.
Al encontrar esta locomotora en la Estación de la Calçada, pensé en Regreso al futuro III, donde el tren sustituye al DeLorean y se convierte en la máquina capaz de atravesar el tiempo. Aquí ocurre algo distinto. El tren no se mueve. Es la memoria la que pone en marcha el viaje.
Siempre me ha atraído más lo que ya conozco que aquello que todavía no puedo prever. Hay una cierta confianza en lo vivido: sabemos qué aprendimos, qué perdimos, qué decisiones nos llevaron hasta aquí. El futuro, en cambio, todavía no ha dejado sus huellas. Mirar hacia atrás puede ser una manera de orientarse antes de escoger una nueva dirección.
La vida se parece a una red de vías. Cada estación forma parte de un recorrido y cada desvío abre una posibilidad mientras deja otras atrás. Hay personas que comparten muchos kilómetros con nosotros y otras que solo coinciden durante un tramo. Algunas llegan cuando menos lo esperamos; otras se marchan antes de que sepamos cuánto significaron.
Con los años aprendemos a corregir el rumbo. No podemos regresar a las estaciones anteriores, pero podemos entender mejor por qué tomamos ciertas vías y qué nos enseñaron. Esta locomotora ya no transporta a nadie. Su función pertenece a otra época, pero su presencia conserva algo esencial: la posibilidad de mirar el trayecto recorrido antes de decidir hacia dónde seguir.
Quizá por eso esta máquina, detenida en el tiempo, todavía tenga algo que enseñarnos sobre el futuro.