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Tiempo

Día y noche, no y sí

Texto Curatorial

Hay algo en la vida que solo podemos comprender cuando aceptamos que sus contrarios forman parte de ella. La alegría adquiere sentido frente a la tristeza; el día no puede separarse de la noche; un sí solo tiene verdadero peso cuando también existe la posibilidad del no. No son realidades que deban excluirse. Forman parte de una misma experiencia, con sus cambios, sus interrupciones y sus retornos.

La fotografía reúne dos existencias que atraviesan momentos muy diferentes. La locomotora lleva en el hierro las consecuencias de una larga historia, mientras una pequeña planta comienza a crecer junto a ella. Una no representa la muerte ni la otra simboliza la vida. Lo que importa es que ambas se encuentran bajo la acción del tiempo, cada una respondiendo a ella de una manera distinta.

En la locomotora, los años han dejado corrosión, desgaste y pérdida de función. En la planta, esa misma duración se manifiesta como crecimiento. Mientras una estructura se acerca al final de la función para la que fue creada, otra comienza a desarrollar la suya. El tiempo no conduce a todas las cosas hacia el mismo lugar.

Tal vez una parte de la madurez consista en aceptar precisamente eso. Hay momentos para comenzar y otros para terminar, para reír y para llorar, para ganar y para perder. Ninguno invalida al otro. Compararlos tampoco resulta necesario. Cada etapa pertenece a un recorrido que solo puede comprenderse cuando dejamos de exigirle que permanezca siempre igual.

La cercanía entre la locomotora y la planta hace visible esa coexistencia. Una está llegando al final de una historia; la otra apenas empieza a escribir la suya. Entre ambas, el tiempo actúa sin preferencia: desgasta, transforma, permite crecer y abre paso a nuevas formas de existencia.

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