Exposição Recôncavo: um mundo de muitos mundos e mistérios
Fingir la muerte
- Location
- Acupe, Santo Amaro, Bahia, Brasil
Texto Curatorial
La injusticia me indigna. Hay situaciones que me dejan sin palabras, mientras que otras despiertan en mí unas ganas casi incontrolables de hacer algo. Sé que no puedo reparar todas las injusticias que considero intolerables, pero eso no hace más fácil asumir mis limitaciones. A veces, la rabia nace precisamente de esa tensión: ver la gravedad de lo que ocurre y no tener medios suficientes para impedirlo.
Al mirar esta fotografía, me asalta una posibilidad que me inquieta profundamente: ¿cuántas personas esclavizadas tuvieron que fingir que estaban muertas para escapar de quienes las perseguían? No sé hasta qué punto se recurrió a esa estrategia a lo largo de la historia, pero basta con pensar en ella para imaginar la desesperación de alguien obligado a contener la respiración, quedarse completamente quieto y hacerse pasar por muerto para evitar que lo mataran. Seguir con vida habría dependido de engañar a quienes podían arrebatársela.
He visto animales que, cuando se sienten amenazados, se quedan inmóviles y fingen estar muertos. Pero ese parecido no explica la situación humana que intento comprender. No pretendo establecer una jerarquía entre especies ni restar importancia a las formas que tienen otros seres vivos de defenderse. Lo que me indigna es la crueldad de una situación en la que alguien tiene que echar mano de su ingenio para escapar de la violencia de otra persona. Una inteligencia que podría servir para descubrir, crear y relacionarse con los demás acaba empleándose en encontrar una salida a una lucha desesperada por seguir vivo.
Me gusta la gente. Admiro a quienes encuentran una salida en las circunstancias más difíciles, a quienes luchan cuando pueden y saben cuándo dar un paso atrás si seguir adelante significa sucumbir. Me gusta el ingenio de quienes ven oportunidades que a otros se les escapan. Engañar, negociar, plantar cara o esperar al momento oportuno pueden exigir distintas formas de valentía y buen juicio. Sufrir no tiene nada de noble por sí mismo, ni nadie está obligado a enfrentarse al peligro como un héroe. La determinación de seguir vivo merece respeto.
En la fotografía, un hombre aparece tumbado, con los ojos abiertos y la boca entreabierta. La imagen resulta inquietante. Las manchas rojas sobre la ropa blanca hacen pensar que está herido, mientras que su inmovilidad deja en el aire qué ha ocurrido y qué puede suceder después. No puedo afirmar qué representa el participante más allá de lo que muestra la escena. Pero la fotografía plantea una pregunta que va más allá de la representación: ¿en qué circunstancias fingir estar muerto podría dar a alguien la oportunidad de escapar?
La esclavitud sometió a unas personas a la voluntad de otras y convirtió la libertad en un privilegio reservado a quienes tenían el poder. La violencia se metía en todos los ámbitos de la vida: el trabajo, los vínculos familiares, las decisiones personales e incluso las condiciones más básicas para sobrevivir. Imaginar a alguien obligado a fingir su propia muerte para escapar de aquella dominación hace todavía más difícil asimilar la brutalidad de la esclavitud. Hasta la apariencia de estar vivo o muerto debía calcularse para poder seguir con vida.
Quizá lo que más me indigna sea lo fácil que resulta justificar la injusticia hasta convertirla en parte de la vida cotidiana. Hay quienes se aprovechan de ella, quienes la ejercen y quienes prefieren no darse por enterados. Mirar hacia otro lado puede resultar cómodo para quienes no quieren implicarse, pero no alivia en absoluto el sufrimiento de quienes padecen la violencia. No necesito haber vivido el dolor de otra persona para reconocer mi responsabilidad ante él.
No espero dejar de sentir toda esa rabia, y mucho menos encontrar respuestas para cada injusticia que me afecta. Pero no quiero que la impotencia acabe convirtiéndose en indiferencia. La figura inmóvil de esta fotografía me hace pensar en la diferencia entre estar vivo y hacer lo que sea necesario para evitar que te maten. Y me deja una pregunta difícil de asumir: ¿qué clase de poder obliga a alguien a fingir que está muerto para tener alguna posibilidad de seguir viviendo?
