La hermosura del retrato extraño
Nego Fugido
Los domingos de julio, las calles de Acupe, distrito de Santo Amaro, en el Recôncavo de Bahía, cobran vida con una manifestación que se resiste a ser clasificada fácilmente como fiesta, representación teatral, ritual o recreación histórica. Nego Fugido es una práctica comunitaria afrodiaspórica que recurre a la performance, la música, la danza, la pintura de los rostros, la indumentaria y la interacción directa con el público para construir una narrativa propia sobre la esclavización, la huida y la libertad. Investigaciones antropológicas recientes la describen como una expresión cultural polisémica de una comunidad quilombola, cuya dimensión histórica resulta inseparable de la forma en que se representa.
Para quien llega desde fuera de Bahía, puede surgir el impulso de buscar una equivalencia conocida: carnaval, teatro de calle, recreación histórica. Ninguna encaja del todo. Nego Fugido no nació para ilustrar un acontecimiento relegado sin más a los libros de historia. Su práctica contemporánea mantiene viva una elaboración comunitaria sobre la esclavización y la lucha por la libertad, transmitida de generación en generación y renovada cada mes de julio. La investigación académica sigue señalando incertidumbres en torno a sus orígenes históricos, razón suficiente para evitar construir una genealogía inventada o imponer una explicación definitiva.
Parte de su fuerza reside en la convivencia de distintas formas de expresión. La historia de la huida se desarrolla mediante la danza, los tambores, los rostros pintados, los personajes, la persecución, la negociación y la participación de quienes se reúnen alrededor de la acción. La Universidade Federal do Recôncavo da Bahia ha investigado esta multiplicidad a través de estudios sobre performance, fotografía, cine y sonido, en diálogo directo con la Associação Cultural Nego Fugido y con los habitantes de Acupe.
Para quienes no conocen la historia de Brasil, es importante entender que Nego Fugido surge de una sociedad construida mediante la esclavización de africanos y sus descendientes. Sin embargo, su fuerza no reside en reproducir ese pasado como documentación histórica. La comunidad ha desarrollado su propia forma de contar la historia. La libertad aparece como algo representado, disputado y celebrado, no como una abstracción concedida por una cronología oficial. El conocimiento histórico se expresa a través de quienes realizan la manifestación.
La fotografía plantea otra cuestión. Miles de fotografías realizadas por visitantes, investigadores y artistas han llevado Nego Fugido mucho más allá de Acupe. La investigación antropológica sobre estas imágenes demuestra que fotografiar la manifestación también implica establecer relaciones entre distintas posiciones ante ella: quienes viven la práctica, quienes la observan, quienes la documentan y quienes posteriormente encuentran las imágenes. Por eso, una fotografía nunca puede dar cuenta de todo lo que sucede durante Nego Fugido. Ofrece una lectura particular, condicionada por una relación directa con personas que ya poseen sus propias formas de producir y transmitir conocimiento.
Quizá sea precisamente esta resistencia a quedar reducida a una única definición lo que hace de Nego Fugido una manifestación tan singular. Su historia no puede quedar contenida por completo en la fotografía, su performance no puede ser explicada por completo por la antropología y su narrativa no puede agotarse en la idea de patrimonio. Cada julio añade una nueva realización a aquello que la comunidad ha recibido, transformado y volverá a transmitir. Nego Fugido no reclama una explicación capaz de cerrarlo. Exige una atención capaz de enfrentarse a su complejidad.
