Patrimonio Prospectivo

Ciudad

Ninguna ciudad se convierte en patrimonio por el mero hecho de alcanzar un consenso sobre lo que merece ser reconocido como tal. El patrimonio cobra sentido cuando determinadas formas de crear y habitar el espacio urbano, durante mucho tiempo relegadas a los márgenes de la cultura, empiezan a influir en la manera en que una sociedad decide qué merece reconocimiento público. Salvador participa de este cambio al reconocer que las prácticas contemporáneas también pueden transformar su identidad y ampliar la noción de patrimonio más allá de lo excepcional y lo monumental.

El Skatepark do Subúrbio no inaugura esta historia. Hace visible un proceso mucho más antiguo, construido a partir de usos, relaciones y formas de conocimiento que siguieron activas incluso cuando quedaron fuera de los relatos oficiales. No se trata de incorporar una actividad al espacio urbano, sino de reconocer el conocimiento generado en la ciudad dentro de los procesos institucionales que determinan qué adquiere valor cultural.

El patrimonio, por tanto, ya no depende exclusivamente de la antigüedad o de la monumentalidad. También nace de la capacidad de una sociedad para reconocer, dentro de sus propios procesos culturales, valores suficientemente sólidos como para formar parte de la imagen que construye de sí misma. Aquí, la ciudad no es el contexto de la exposición. Es el argumento que la hace posible.

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