Pantanal revelado: el alma de un territorio
Rojo Moro
- Date
- 2026
- Location
- Poconé, Mato Grosso, Brasil

Texto Curatorial
Poconé no heredó a los moros. Heredó una historia.
Llegada desde Portugal al otro lado del Atlántico, la tradición nació del imaginario cristiano de las antiguas luchas entre moros y cristianos. Alcanzó Mato Grosso en el siglo XVIII y, generación tras generación, terminó fundiéndose con la comunidad que la hizo suya. La primera Cavalhada documentada en Poconé, en 1769, llegó incluso a identificarse como una representación de la guerra de Troya. La historia de los dos ejércitos vendría después, cuando la tradición fue encontrando su lugar en la vida local.
El rojo pertenece a los moros. El turquesa, a los cristianos. Pero en esta fotografía el color deja de ser una simple señal de identidad. El rojo se apodera de la imagen. Pasa por los jinetes, los caballos y el polvo, hasta borrar casi por completo la frontera entre quienes representan la historia y el paisaje que los rodea. Aquel día vencieron los moros. Vi cómo se consumaba su victoria y, aun así, no supe de qué lado quería estar.
Quizá Sevilla tenga algo que ver con esa duda. Viví allí el tiempo suficiente para sentir una cercanía con el universo cultural que alimenta estas imágenes. Pero también crecí en una familia católica, y San Benito forma parte de mi propia relación con la fe. Ambas historias conviven en mí sin llegar a resolverse. Prefiero conservar esa tensión antes que convertir una historia heredada en una elección personal.
Cada año vuelve el mismo enfrentamiento. Los ejércitos se reúnen, comienza el ritual y todos conocen de antemano el desenlace. Pero saber cómo termina no le quita fuerza a la experiencia. La Cavalhada permite a la comunidad volver a entrar en la historia, darle cuerpos, movimiento, fe y tiempo.
Quizá eso sea lo que realmente estaba fotografiando.
No una victoria cuyo resultado estuviera en juego, sino ese extraño instante en el que conocer el final de la historia no basta para saber de qué lado ponerse.
El rojo siguió avanzando. Ganaron los moros.
Y yo seguí sin poder elegir.