La hermosura del retrato extraño
Súbitamente
La fotografía de calle nace de una condición que ningún grado de planificación puede controlar: salir a fotografiar sin saber qué imagen encontraremos. Caminar ofrece una sucesión de posibilidades, pero solo algunas interrumpen la continuidad de la mirada. Aparece una figura, se forma una combinación, algún detalle adquiere la intensidad suficiente para exigir una decisión. El fotógrafo reconoce aquello que no estaba buscando.
Esa disponibilidad distingue la calle de una situación construida de antemano. Henri Cartier-Bresson encontró en el instante decisivo la coincidencia entre acontecimiento y forma. Vivian Maier convirtió lo cotidiano en una práctica continua de observación. Ernst Haas llevó esa experiencia al color, la luz y el movimiento. Harry Gruyaert y Gueorgui Pinkhassov exploraron las posibilidades del color, la coincidencia y la organización visual que encontraban durante sus recorridos. Alex Webb construyó imágenes a partir de la simultaneidad de acontecimientos y relaciones dentro del encuadre. Martin Parr introdujo otra forma de atención a lo cotidiano, marcada por la observación del comportamiento, la apariencia y las convenciones sociales. En Brasil, Gustavo Minas desarrolla una práctica profundamente vinculada a caminar, esperar y descubrir.
Súbitamente parte de este principio, pero desplaza su resultado hacia el retrato. El encuentro se produce antes de la intención de retratar. Solo después de reconocer una posibilidad empieza a construirse una relación específica con la persona que está ante la cámara. Se establece la distancia, el encuadre encuentra su medida, cambia la dirección y la figura encontrada en la calle adquiere otra condición.
Esta transformación depende también de la relación que se establece antes de accionar el obturador. En la calle, la disposición de alguien a dejarse fotografiar puede cambiar según la manera en que el fotógrafo se acerca, se presenta, se sitúa y conduce ese breve encuentro. La ropa, la postura y la actitud del propio fotógrafo pueden facilitar o dificultar esa apertura. No existe neutralidad en este acercamiento: incluso una fotografía que surge súbitamente es fruto de una relación construida en cuestión de segundos.
En el retrato, la apariencia de quien está ante la cámara también participa en la construcción de la imagen. August Sander demostró cómo la indumentaria, la postura, los objetos y las circunstancias pueden caracterizar socialmente a un sujeto. Irving Penn llevó esta construcción hasta una depuración radical, haciendo de la pose, de la relación entre figura y fondo y de la economía formal elementos decisivos para la representación. Gordon Parks entendía que una imagen poderosa puede conservar preguntas sin ofrecer respuestas completas.
El retrato no necesita explicar quién está ante la cámara. Puede sostener precisamente aquello que escapa a la definición. Es en esta apertura donde vuelvo a encontrar la hermosura. No busco la belleza según sus códigos más reconocibles, ni una apariencia destinada a suscitar una aprobación inmediata. Busco aquello que posee una cualidad propia: una expresión, una singularidad, una combinación inesperada que hace que la fotografía adquiera fuerza antes incluso de que sepamos exactamente por qué.
Súbitamente da nombre a ese instante de reconocimiento. El encuentro no estaba planeado. La decisión de fotografiar, sí. Entre el azar y la elección, la calle ofrece algo que no sabía buscar y que, al aparecer, se transforma en retrato.
Sección sin fotografías