Mi casita de Marambaia

Esta casa no es mía. No está en Marambaia. No tiene porche y yo no toco la guitarra. Aun así, en el instante en que la vi, la hice mía mediante una especie de reconocimiento para el que la razón nunca había sido convocada.

El título surgió inmediatamente de la canción «Só Vendo Que Beleza (Marambaia)», compuesta por Rubens Campos y Henricão e interpretada por diversos artistas, entre ellos Omara Portuondo y Maria Bethânia. La Marambaia de la canción corresponde a la región de la isla de Marambaia, en la costa de Mangaratiba, en Río de Janeiro, un escenario que la propia investigación sobre la obra reconoce como referencia para el paisaje descrito en la composición.

Siento fascinación por Omara y por la música cubana. Durante años, esta canción fue construyendo innumerables casas dentro de mi imaginación a través de años de cantos silenciosos. Cada vez que la escuchaba, su arquitectura parecía cambiar. Nunca había imaginado, sin embargo, que la casa pudiera tener este aspecto.

Fue ante esta casa cuando la imaginación encontró materia. Está junto al mar, y la paz que siempre había escuchado en la canción pareció adquirir una forma. A un lado, una antigua cancela para el ganado, cerrada por la vegetación, añadió a la casa un paso casi secreto. La imagen de esa entrada trajo también el recuerdo de El jardín secreto, el libro de Frances Hodgson Burnett, con esa idea de un lugar protegido por la propia vegetación, cuyo descubrimiento depende de atravesar una especie de umbral.

Y el moreno soy yo.

No porque la canción me haya colocado dentro de ella, sino porque, en ese instante, reconocí en aquella casa un hogar que ya existía en algún lugar de mi imaginación. No era la casa de la canción. Era la casa que la canción había dejado dentro de mí.

Y así quedó mi casita de Marambaia: la de mi imaginación, mi silencio y mi paz.

ENPTES