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Patrimonio Prospectivo: Gravedad

Tatuajes de un destino

Date
2026
Location
Skatepark del Subúrbio, Salvador, Bahia

Texto Curatorial

En el brazo de Felipe Nunes hay un tatuaje. Pero hay marcas que aparecen sin que las elijamos. La ausencia de las piernas debe de ser una de las más difíciles.

Mi abuelo contaba que, después de que a mi bisabuela le amputaran una pierna a causa de la diabetes, durante años decía que todavía sentía la pierna amputada. Una parte había dejado de existir y, sin embargo, seguía inscrita en la vida cotidiana. Existe una relación entre el tatuaje y ciertas marcas que deja la vida.

No me interesa situar a Felipe en el papel de héroe, ni reducir su historia a su condición física. Veo a un deportista que compite, entrena y construye su propio lenguaje.

Felipe ganó la competición de Street. Es evidente que, técnicamente, está a otro nivel, sin menospreciar a nadie. Sin embargo, después de cada ronda aconsejaba a sus compañeros, llamaba a uno de ellos, guiaba sus movimientos y después tocaba el músculo de otro para indicarle la zona que debía activar en el momento preciso para ejecutar determinadas maniobras.

El conocimiento no se quedó en manos de quien lo había adquirido primero. Felipe convierte así la experiencia en una herramienta para los demás.

El tatuaje deja de ser una imagen. La marca elegida sobre la piel se encuentra con otra, más dura, hecha por la vida. Una se dibuja; la otra sucede. Ambas pasan a formar parte de quien las lleva durante toda la vida.

Existe además una tercera inscripción, menos visible: la que una persona deja en la experiencia de otra cuando comparte lo que sabe. Quizá sea la más interesante: trasciende a quien la produce.

Felipe ganó y siguió enseñando. Quizá el campeonato mayor sea ese: llegar a un lugar y conseguir que lo aprendido durante el camino encuentre a alguien que pueda llevarlo más lejos.

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