Reflejo

La Física nunca encontró un lugar cómodo durante mis años de instituto. En casa, sin embargo, tenía otro estatus. Mi padre dominaba con una facilidad impresionante tanto la Física como las Matemáticas. Sin apenas estudiar, se sentaba ante los problemas más complicados y los resolvía. Yo lo observaba, atónito, desenvolviéndose con una naturalidad absoluta ante problemas cuya complejidad me parecía inabordable.

Décadas más tarde, esta fotografía me devolvió aquel recuerdo. No fue la embarcación, sino su duplicación luminosa la que llevó mi pensamiento de vuelta a aquellas antiguas lecciones sobre espejos cóncavos y convexos, hasta llegar al concepto de imagen virtual. Dotada de una posición aparente, generada por la prolongación de los rayos de luz e incapaz de proyectarse sobre una pantalla, persiste con una evidencia que desafía la propia materialidad. Su existencia pertenece al ámbito de la Óptica; su permanencia, sin embargo, se realiza a través de la contemplación.

Fue entonces cuando reconocí una inclinación que siempre me había acompañado sin llegar a manifestarse.

Si pudiera elegir, rechazaría la canoa. Preferiría navegar, pescar, viajar o simplemente existir dentro de ese reflejo. Habitaría primero la imagen y después el objeto. Elegiría la presencia óptica en lugar de la madera, porque es precisamente en esa configuración óptica donde reconozco la naturaleza más profunda de mi oficio.

La fotografía nunca renuncia a su condición bidimensional. Y, sin embargo, mediante la perspectiva, la forma en que incide la luz, la composición y la técnica, persuade al cerebro para percibir profundidad, volumen y distancia donde ninguna de esas dimensiones existe físicamente. No produce espacio. Establece su verosimilitud. No fabrica materia. Construye una convicción perceptiva.

Toda fotografía constituye menos un registro del mundo que una arquitectura visual destinada a persuadir a la percepción de que una superficie ha adquirido profundidad y de que la luz ha aprendido a construir dimensiones que no existen.

¿Somos simplemente fotógrafos o practicantes de una forma contemporánea de alquimia?

La luz ofrece apariencias; la sombra conserva aquello que lo invisible nunca ha dejado de conocer.

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