Si fuera famoso

Existe una especie de prestigio injustamente distribuido entre las cosas que merecen ser vistas. Algunas reciben un marco, una pared blanca y silencio. Otras se quedan en el suelo.

De todo lo que fotografié en Maragogipinho, esta fue la que más disfruté hacer. De camino a una alfarería, encontré dos zapatillas negras, un único calcetín, piedra, agua y musgo. Nada fue desplazado ni preparado. La fotografía ya existía. Mi trabajo consistió en percibirla.

Quizá por eso me gusta tanto la fotografía de calle, esa curiosidad por la vida y sus vestigios. Miro hacia arriba, hacia abajo y a los lados. Busco reflejos, sombras, detalles. Mirar solo al suelo es un desperdicio: la mitad de los milagros puede ocurrir por encima de nuestra cabeza. Esta vez había uno esperando en el suelo.

La composición ofrece dos recorridos, casi dos imágenes en una. Si la mirada entra por la zapatilla superior, sigue la diagonal del par hasta el único calcetín, claro y cortado por el borde, que conduce fuera del encuadre. Si comienza por él, el recorrido se invierte: entramos por aquello que casi escapa, pasamos por la zapatilla inferior y llegamos a la superior. En ese recorrido, el musgo verde y húmedo encuentra la piedra mineral; el agua modifica la luz sobre el suelo mojado, mientras el negro conserva el brillo, el desgaste, la textura y la profundidad.

De lo que vemos nacen historias. ¿Por qué están atados los cordones? ¿Por qué hay dos zapatillas y solo un calcetín? ¿Una borrachera? ¿Una pelea? ¿Alguien fue a bañarse al río? ¿Se cansó de ellas? ¿Era el amante de alguien y, al ser descubierto, huyó sin siquiera tener tiempo de ponérselas?

No lo sé. Y menos mal. Lo que ocurrió antes quedó fuera del encuadre, como una parte del calcetín. En esa ausencia, contamos varias historias en nuestra cabeza.

Si fuera famoso, quizá dirían que algo tan sencillo de ejecutar, algo que solo necesitaba atención para existir, merecía la portada de un gran libro o ser la imagen central de una exposición. Me llamarían genio.

Pero ¿quién ha dicho que eso no vaya a suceder?

Una buena imagen no necesita ser explicada. Mis textos nacen de lo que sentí, pero esta vez necesitaba hablar de la satisfacción y el orgullo de haber percibido lo que tenía delante. Amo lo que hice: reconozco en ello aquello que más me gusta de hacer fotografías.

ENPTES